Sueño para el invierno: Capítulo 2 “Milena”
Me habían llamado del hospital. Milena, mi mejor amiga, está hospitalizada. Su séptimo intento de suicidio. La mujer que me llamó me dijo que Milena se encontraba bien pero que iba a quedar en observación por unos días. Antes de ir al hospital, paso a comprar cigarrillos. La muchacha que atiende me entrega unos pañuelos. [...]
Me habían llamado del hospital. Milena, mi mejor amiga, está hospitalizada. Su séptimo intento de suicidio. La mujer que me llamó me dijo que Milena se encontraba bien pero que iba a quedar en observación por unos días. Antes de ir al hospital, paso a comprar cigarrillos. La muchacha que atiende me entrega unos pañuelos. Olvidó estos en la mañana, me dice. Miro los pañuelos e intento sonreír. En verdad había comprado pañuelos en la mañana, pero no había notado su ausencia. Salgo y fumo. Mi cigarro número 11 del día. Llego al hospital y pregunto por Milena. Tercer piso, me dicen. Subo las escaleras (el hospital es gris, las escaleras son blancas). Antes de entrar a la habitación de Milena, recuerdo que no traje ningún regalo. Todas las veces anteriores le traía algo. La primera vez, un libro de Borges. La segunda, una Biblia. La tercera, un CD de Bach. La cuarta, el Corán. La quinta, un ramo de lilas. La sexta, Los Pensamientos de Pascal. Resignado, entro. Milena está recostada. Lleva un camisón blanco, y ella misma está muy pálida. A su lado, su madre con los ojos hinchados. Al verme, sonríe. ¿Qué me trajiste, cariño?, pregunta. Me reviso el bolsillo y saco los pañuelos desechables. Aquí tienes, guapa, digo. Ella se yergue con dificultad y coge los pañuelos. Sonríe (la sonrisa de Milena es hermosa). Miro sus brazos morados, sus ojos vidriosos. Pienso en Julián. Hace unas horas me confesó que iba a ser padre. Tiene 20 años. Milena tiene 25. Julián cree que no está preparado para ser padre. Milena, en cambio, piensa que está preparada para morir. No entiendo cómo, en siete intentos, no se ha matado. ¿Porqué simplemente no te lanzas de un edificio?, pienso. Su madre le acaricia el cabello y deja escapar unas lágrimas. Milena saca uno de los pañuelos que le regalé y seca la mejilla de su madre. Esto es una estupidez, me digo. Me acerco a la ventana, son tres pisos. ¿Cuántos metros habrán hasta el suelo?, pienso, ¿Morirá alguien que se tiré desde aquí? Entonces comienza a sonar mi celular. Milena y su madre me miran. El identificador de llamadas dice: Julián. No le contesto sino que abro la ventana y lanzo el teléfono hacia afuera. Pasa tres segundos hasta que lo oigo chocar contra el suelo. Me doy vuelta. Milena y su madre continúan mirándome. Iré a ver si se rompió, les digo, y salgo de la habitación.
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· Ilustración: “Pensadora” lluís ràfols·
Texto: Gregorio Laocoonte. gregorio(arroba)vitrinasur.cl









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