Sueño para el invierno: Capítulo 8 “La vieja Milena”
Abro los ojos y a mi lado está Milena (…)
Abro los ojos y a mi lado está Milena con una taza de café en las manos. Me mira sonriendo y yo intento recordar cómo llegué a su casa. Eres un hijo de puta, me dice. Bueno, tengo mis momentos, respondo. Se abre la puerta y entra su madre. Ella sonríe como si yo fuera una especie de mascota. Me pregunta cómo me siento, y nos avisa que se marcha al trabajo. Espero no haber hecho el ridículo, le digo a Milena una vez que su madre cierra la puerta. Entonces Milena se larga a contarme lo que yo sólo recuerdo en fragmentos. Dice que la llamé a medianoche para decirle que la quería. Ella, aunque semi dormida, dedujo que yo estaba borracho. La volví a llamar dos horas después. Agitado, le dije que me iba para su casa. Al rato, me bajé tambaleando de un taxi frente a su puerta. Ella me esperaba de pie junto a su madre. Entre ambas me acostaron en el sofá, y soportaron mi compañía hasta que por fin cerré los ojos. En fin, yo creo que no hiciste el ridículo, sentencia Milena. ¿Qué cosas te dije anoche?, pregunto. No mucho, que le habías pegado a Julián, por ejemplo, dice. Ah, respondo. Intento ponerme de pie pero es imposible. Mi cabeza resuena como si tuviera un trozo de goma dentro. Sigo los consejos de Milena y bebo lentamente varias tazas de café y recién entonces soy capaz de permanecer sentado. Llovió toda la noche, sin embargo ahora comienza a despejarse, dice Milena. En efecto, a través de la ventana observo trozos de cielo azul y al fondo una luz amarilla que deduzco debe ser el sol. Quiero tomar aire, le digo. Milena me sujeta de un brazo y lentamente caminamos hasta la ventana. La abre, suspira un poco como en las películas, y luego se gira y me dice que parezco un enfermo terminal. Creo que pasamos media hora, uno al lado del otro, con la mitad del cuerpo sobre la ventana, y en silencio.
- Mira ese pájaro, vuela hacia el oeste, eso quiere decir que no lloverá por unos días –le digo, apuntando a una lejana silueta negra en el cielo.
- Sí, es un zorzal inmaduro –responde.
- ¿Qué sabes tú de aves, mentirosa?
- ¿Y qué sabes tú de meteorología, farsante de mierda? –afirma.
Volvemos a quedarnos en silencio. El sol comienza a subir y yo me acuerdo de una canción un poco cursi de The Beatles, y luego me acuerdo de Ángela.
- Creo que debieras conocer a mi amiga Ángela –digo
- ¿Esa niña de siete años es tu amiga?
- De nueve.
- Bueno es lo mismo
- Sí, si es mi amiga. Me canta algunas canciones.
- Ah qué divertido.
- Y a veces baila y aplaude.
- No me digas.
- ¿Dije algo más anoche? –pregunto.
- ¿Algo como qué?
- No, sé, algo que te haya llamado la intención –insisto.
- A ver. Dijiste que te habías peleado con Julián, que me querías mucho, que querías mucho a mi madre y que le darías un regalo inmenso para navidad, que te dolía un poco la mano por el golpe a Julián, que Almendras había abortado porque Julián la obligó, y que habías bebido catorce litros de cerveza lo cual debía ser un record.
- Ah –respondo.
- ¿Entonces?
- Insisto en que debieras conocer a Ángela –digo.
- Si pero otro día. Tengo la sensación de que volverá a llover –asegura Milena.
-
· Ilustración: “Borratxo” lluís ràfols
· Texto: Gregorio Laocoonte. gregorio(arroba)vitrinasur.cl






a quien no le ha pasaod? buen capitulo, leere los anteriores
Las cañas suelen ser un poco cursis
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